...Por otro lado, el pensamiento expuesto en el libro tiende a llevar al lector a una espiritualidad diseñada especialmente para cada uno.
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En otras palabras, es como cuando uno va a comer en un Gatsby.
El que quiere carne, hay carne.
El que quiere arroz, hay arroz.
El que quiere ensaladas, hay toda clase de ensaladas.
El libro promueve lo siguiente:
el que quiere monoteísmo, hay monoteísmo.
El que quiere cristianismo, hay cristianismo.
El que quiere paganismo, hay paganismo, a pesar de su definición muy ad oc de lo que es paganismo.
Finalmente, uno de los personajes centrales de la novela incita al lector “pensar por sí mismo”.
En otras palabras, uno termina siendo el señor de su vida, el capitán de su propio barco.
Cada cual toma la decisión que más le apetece.
Es el pensamiento del momento.
Por eso España, una nación históricamente católica, más papista que el mismo papa, legaliza el matrimonio entre homosexuales.
Uno se queda sin parámetros.
Es señor de su vida, señor de sus acciones y nadie puede contradecirlo.
En otras palabras, cada cual hace lo que le da la gana.
Esta novela dirige al lector a ese punto.
Lo que quieras, está bien.
No importa.
Es tu decisión.
No hay absolutos.
Todo es relativo.
Si te gusta, hazlo, sin importar lo que pueda suceder.
Sin embargo, Dios nos está observando.
Nuestra vida tiene un propósito muy definido.
Estamos sobre este planeta no necesariamente para satisfacer nuestros deseos lujuriosos, sino para estar en armonía con Dios, ya que El nos ha diseñado para que podamos pasar la eternidad a su lado.
Hay un día en que todos nosotros tendremos que rendir cuentas a Dios.
Nadie tiene escapatoria.
Es una cita indeclinable con Dios.
2. En segundo lugar, tenemos que identificar los problemas con la historia que nos cuentan.
En Romanos 1:18-20 “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas”.
Lo que Pablo nos dice es que Dios se manifestó a cada uno de nosotros. Dios constantemente nos manda información en cuanto a quien es él y el receptor de esa información es nuestra conciencia. Nos habla a la parte de la trinidad del hombre que está conectada con Dios: nuestro espíritu.
¿Qué hacemos con esa información que recibimos constantemente de Dios?
°°° Cuando vivíamos en una parcela, teníamos una piscina. Nuestros tres hijos estaban todavía con nosotros. Cierto día, llegaron con una pelota inflable grande. Comenzamos a jugar con ella en la piscina. Finalmente, decidimos que el que podía mantenerla bajo agua el mayor número de minutos, ganaba la competencia. Nos sentamos encima, nos echamos encima. Hicimos todo lo posible para que se hunda. A pesar de todos nuestros esfuerzos, esa pelota siempre salía a la superficie.
°°° De la misma manera, la Biblia nos enseña que tomamos el conocimiento de Dios, sus atributos, su santidad y tratamos de ocultarlo bajo agua. Tratamos de suprimirlos. Eventualmente, como esa pelota, ha de subir a la superficie.
Dios es un Dios que siempre nos persigue con su amor.
Al leer la novela, me dio la impresión que Dan Brown trata de suprimir la verdad acerca de Dios.
Entonces, cuando dialogo con alguien acerca de este tema, le hago ver los problemas que tiene su historia. En otras palabras, le hago ver que la pelota va a llegar a la superficie, por más que trate de retenerla bajo agua.
Por ejemplo. El tema central de la novela es que Cristo estaba casado con María Magdalena. Tuvieron hijos y los descendientes de estos hijos, viven hoy en Francia e Inglaterra. Acusa a la iglesia de ocultar este hecho durante los últimos 2000 años.
Según Brown, Leonardo Da Vinci era parte de una sociedad secreta que sabía de este hecho y que intentó comunicarlo mediante los cuadros que ha pintado, dejando códigos, pistas, señales.
Brown admite abiertamente que no es una idea propia lo que escribe, sino que ha tomado información de un libro escrito en el año 1980 que se intitula “The Blood, the Grail, and Money”. O sea: “La Sangre, el Cáliz y el Dinero”.
Promulga la idea de que tenemos que adorar a la divinidad femenina, arrodillándonos y adorando los huesos de María Magdalena. Para lograr convencernos, a través de todo el libro trata de reprimir, de hundir, de sumergir a Cristo y elevar a ella como una divinidad femenina que merece ser adorada y venerada.
La razón por la que esta postura es contradictoria es porque trata de destruir la divinidad de Jesús, pero a la vez, para que María Magdalena sea divina, sea digna de toda adoración, tiene que estar conectada de alguna manera a lo divino, en esta caso, casándose con Cristo, lo que termina siendo una gran contradicción.
Lo que pasa es que cuando Brown le quita toda divinidad a Jesús, lo transforma en un simple carpintero judío que nació y vivió en una pequeña aldea en una nación oprimida por Roma y hace que María Magdalena sea una dulce doncella judía, quien se casa con un joven carpintero. Obviamente, siendo así, no hay razón alguna para que sea adorada o venerada.
No sé si captan el error en el que cae el autor del libro. Por un lado, le quita la deidad a Jesús, pero por otro lado, trata de hacer de María Magdalena una diosa y para que así suceda, la tiene que casar con Jesús, quien al ser simplemente un carpintero común y silvestre, según su humilde opinión, bajo ninguna circunstancia puede hacer que su esposa sea venerada como una deidad femenina.
No sé si me expliqué. Hay una inconsistencia. Hay una contradicción. El argumento que presenta cae por su propio peso. No tiene en qué sostenerse. Por consiguiente, ¿Cómo podemos esperar que el resto del libro sea correcto, si el tema central es erróneo?
Por otro lado, cuestiona la veracidad de la Biblia. Obviamente está tratando desesperadamente de destruir la doctrina que todos creemos y que nos une, o sea, la deidad de Jesús.
Dice que desde el año 33 de nuestra era, o sea desde la resurrección de Cristo hasta el año 325, que fue cuando se celebró el Concilio de Nicea, nadie creyó que Cristo era divino.
De hecho, en la página 290, declara lo siguiente: “hasta ese momento (año 325), de la historia, Jesús era, para sus seguidores, un profeta mortal… un hombre grande y poderoso, pero un hombre, un ser mortal. El hecho que Jesús pasara a considerarse “el Hijo de Dios” se propuso y se votó en el Concilio de Nicea, y la votación fue muy ajustada por cierto”.
Obviamente, Brown piensa que todos sus lectores son unos ignorantes y que no han de recurrir a la historia de la iglesia para verificar sus palabras.
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